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Qué es la asfixia perinatal y cómo afecta al recién nacido
La asfixia perinatal se produce cuando existe una alteración grave del intercambio gaseoso alrededor del nacimiento, que puede provocar hipoxemia, hipercapnia y acidosis metabólica. Puede originarse antes o durante el parto, así como en los primeros momentos después del nacimiento, y en los casos más graves puede ocasionar daños en diferentes órganos, especialmente en el cerebro.
En los casos más graves, la falta de oxígeno puede producir una encefalopatía hipóxico-isquémica y afectar también a otros órganos y sistemas. La gravedad de las consecuencias dependerá, entre otros factores, de la intensidad y duración del episodio y de la respuesta del recién nacido. Los principales problemas ocurren porque no llega la suficiente sangre a los tejidos, impidiendo que funcionen correctamente.
Causas médicas de la asfixia perinatal durante el embarazo y el parto
A veces, durante el embarazo o el parto, ciertas complicaciones pueden impedir que el bebé reciba todo el oxígeno que necesita. En este listado explicamos las causas médicas más habituales:
- Insuficiencia placentaria. La placenta no consigue pasar correctamente el oxígeno y los nutrientes al bebé, lo que puede afectar su desarrollo y bienestar.
- Desprendimiento prematuro de placenta. Se separa del útero antes de tiempo, interrumpiendo el suministro de oxígeno y aumentando el riesgo para el bebé.
- Compresión del cordón umbilical. Puede producirse por un prolapso o nudos en el cordón, lo que dificulta o interrumpe el paso de sangre al bebé.
- Rotura uterina. Una separación o desgarro en la pared del útero compromete gravemente el suministro de sangre al feto.
- Parto prolongado o distocia de hombros. Un parto demasiado largo o dificultades para que los hombros del bebé pasen también pueden generar la asfixia.
- Uso excesivo de oxitocina. Si se emplea demasiado esta hormona, las contracciones son muy fuertes y pueden provocar que llegue menos sangre al bebé.
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Consecuencias neurológicas: daño cerebral, parálisis cerebral y secuelas a largo plazo
Cuando un bebé sufre falta de oxígeno o lesiones cerebrales al nacer, las secuelas pueden durar toda la vida. Las consecuencias pueden manifestarse como daño cerebral, parálisis cerebral y otras secuelas a lo largo de la vida. Identificar estas posibles secuelas es importante para establecer un seguimiento médico y rehabilitador adecuado desde las primeras etapas.
Daño cerebral
Cuando la falta de oxígeno y la disminución del flujo sanguíneo afectan al cerebro del recién nacido puede producirse una encefalopatía hipóxico-isquémica (EHI). Su gravedad es variable y, en los casos más graves, puede provocar alteraciones neurológicas permanentes y afectar al desarrollo motor, cognitivo y sensorial del menor.
Parálisis cerebral
La parálisis cerebral puede ser una de las posibles secuelas de una lesión cerebral producida en el periodo perinatal. Afecta principalmente al movimiento y la postura y puede acompañarse de otras alteraciones, como epilepsia o dificultades visuales, auditivas, cognitivas o del lenguaje. Sin embargo, no todos los casos de parálisis cerebral tienen su origen en una asfixia perinatal.
Secuelas a largo plazo
Las secuelas dependerán de la gravedad y extensión del daño neurológico. Algunos menores pueden presentar dificultades motoras, cognitivas, sensoriales o del lenguaje, epilepsia u otras necesidades de apoyo y rehabilitación a largo plazo. La evolución deberá valorarse individualmente mediante el correspondiente seguimiento médico.
Signos de alerta y diagnóstico (monitorización fetal, test de Apgar, pruebas clínicas)
Detectar a tiempo cualquier problema durante el embarazo o el parto es fundamental para proteger la salud del bebé y evitar complicaciones graves. Hoy en día, los médicos cuentan con diversas herramientas y tecnología avanzada para identificar los riesgos de manera temprana y precisa.
- Monitorización fetal. Permite a los médicos observar los latidos del corazón del bebé y las contracciones uterinas durante el parto, detectando posibles problemas de oxígeno.
- Test de Apgar. Valora el estado del recién nacido tras el parto atendiendo a parámetros como la frecuencia cardíaca, respiración, tono muscular, respuesta refleja y coloración. Una puntuación baja no permite diagnosticar por sí sola una asfixia perinatal, por lo que debe interpretarse junto con otros datos clínicos y pruebas.
- Pruebas clínicas. Aquí se incluyen los análisis de sangre, las imágenes y los estudios neurológicos para confirmar daño o riesgo de asfixia.
Errores médicos más frecuentes en casos de asfixia perinatal
La asfixia perinatal se puede producir por distintos motivos, aunque algunos de estos errores médicos podrían haberse evitado. Por eso es importante que el bebé reciba una atención médica rápida desde el primer momento. A continuación, te mostramos los fallos más habituales:
- Falta de una monitorización fetal adecuada. Una vigilancia insuficiente de la frecuencia cardíaca fetal, cuando las circunstancias clínicas exigían una monitorización determinada, puede impedir detectar a tiempo signos de deterioro y retrasar decisiones como la realización de una cesárea urgente.
- Problemas con el cordón umbilical. Cuando el cordón se comprime o sufre un prolapso, disminuye el oxígeno al bebé. Si no se detecta a tiempo o no se actúa rápido, aumenta el riesgo de daño cerebral.
- Desprendimiento de la placenta. La separación de la placenta antes del parto corta el suministro de oxígeno y nutrientes. Por lo que, si no se detecta y actúa rápido, también tiene graves consecuencias.
- Infecciones no tratadas a tiempo. Si no se diagnostican ni se tratan a tiempo con antibióticos u otras medidas, el riesgo de falta de oxígeno, daño cerebral y otras complicaciones graves para el bebé aumenta considerablemente.
- Uso inadecuado de instrumentos en el parto. El uso incorrecto de instrumentos obstétricos durante el parto puede lesionar al bebé o complicar su respiración.
- Reanimación neonatal tardía o inadecuada. Una demora injustificada en iniciar las medidas de reanimación indicadas o una ejecución incorrecta puede prolongar la falta de oxígeno y contribuir al daño neurológico, dependiendo de las circunstancias del caso.
Cuándo la asfixia perinatal puede considerarse negligencia médica
La existencia de una asfixia perinatal o de secuelas neurológicas no demuestra por sí sola que haya existido una negligencia médica. Para determinarlo será necesario analizar si la asistencia prestada durante el embarazo, parto o atención inmediata al recién nacido se ajustó a la lex artis.
Entre otras cuestiones, deberá comprobarse si:
- Se realizó una monitorización fetal adecuada atendiendo a las circunstancias del parto.
- Los signos de posible pérdida de bienestar fetal fueron correctamente identificados y valorados.
- Se adoptaron a tiempo las medidas necesarias, incluida una cesárea urgente cuando estuviera clínicamente indicada.
- La reanimación neonatal, cuando fue necesaria, se inició y realizó de manera adecuada.
- Existe una relación entre la actuación sanitaria y el daño sufrido por el recién nacido.
En determinados casos también puede valorarse una pérdida de oportunidad cuando una actuación tardía o inadecuada haya reducido de forma relevante las posibilidades de evitar o disminuir el daño, aunque no pueda establecerse con certeza que una actuación diferente lo hubiera impedido completamente.
Cómo reclamar una indemnización por daño neonatal derivado de mala praxis
En una posible negligencia por asfixia perinatal es fundamental reconstruir lo ocurrido antes, durante y después del parto. Para ello pueden resultar especialmente relevantes:
- La historia clínica de la madre y del recién nacido.
- Los registros de monitorización fetal y cardiotocografía.
- Los resultados del Apgar y de las gasometrías, especialmente cuando existan análisis de sangre del cordón umbilical.
- Los informes del parto, cesárea y reanimación neonatal.
- Las pruebas neurológicas y de imagen realizadas al recién nacido y su evolución posterior.
La documentación deberá analizarse conjuntamente, ya que un dato aislado no permite demostrar por sí solo que existió una asfixia causada por mala praxis. Por ejemplo, una puntuación baja en el test de Apgar no basta por sí misma para acreditar un episodio hipóxico-isquémico.
El informe de un perito especializado puede resultar fundamental para establecer cuándo se produjo la falta de oxígeno, cómo actuó el equipo sanitario y si una intervención más temprana habría podido evitar o reducir las secuelas.
La vía de reclamación dependerá del centro en el que se prestó la asistencia. En la sanidad pública, podrá exigirse responsabilidad patrimonial frente a la Administración sanitaria competente. En la sanidad privada, la reclamación podrá plantearse por la vía civil frente a los posibles responsables, dependiendo de las circunstancias del caso.
La indemnización deberá valorarse atendiendo a las secuelas y necesidades concretas del menor, que en los casos de daño neurológico grave pueden incluir rehabilitación, tratamientos, pérdida de autonomía, asistencia de tercera persona y otras necesidades futuras que puedan acreditarse.
En Javaloyes Legal podemos ayudarte a entender tu situación, revisar la documentación médica y explicarte las opciones legales disponibles para proteger el bienestar de tu bebé y tu familia.
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